Hoy Google se merece un aplauso

Google

Todo un acierto el doodle que hoy ofrece Google al mundo con ocasión de la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. Un guiño de apoyo a la comunidad homosexual ante la retrógada política de Putin contra ella y las polémicas surgidas en relación con la participación de deportistas homosexuales, acompañado de un oportuno recordatorio de los valores olímpicos:

“La práctica deportiva es un derecho humano. Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo y dentro del espíritu olímpico, que exige comprensión mutua, solidaridad y espíritu de amistad y fair play.” – Traducido por Google, de la Carta Olímpica.

Para quienes, distraídos por las figuras deportivas en el doodle de la página de inicio del buscador, no alcancen a advertir el guiño, la versión reducida en los resultados de búsqueda no deja lugar a dudas:

Google

A propósito de esto –y quizá con la legaña aún nublando mi razón a primera hora de la mañana–, algo que no había advertido antes en el logo de Sochi 2014 me ha llevado al delirio. ¿Ese 4, como un hache invertida, querrá decir algo? ¿Esconderá una proclama antihomosexual?

Sochi 2014

¡Ay, qué malo es madrugar! Y qué torpes los prejuicios.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInBuffer this page

Porque el cliente ya no tiene la razón… pero es posible que le queden principios

1964 ... supermarket

Quizá resulte ingenuo imaginar –o tal vez no, que ya casi nada puede sorprendernos– que accionistas y altos ejecutivos de grandes corporaciones ignoren que en el origen de los millonarios beneficios de sus empresas se halla esa gran masa de ciudadanos que ahora sufren y soportan esta profunda crisis económica cuyo final somos incapaces de vislumbrar. Ellos son, en último término, quienes aportan ese consumo necesario para que sigan convenientemente lubricados los engranajes de la economía.

La fábrica de muebles necesita que los trabajadores de la vecina fábrica de electrodomésticos ganen lo suficiente para reponer regularmente el mobiliario de sus casas. Y viceversa. O los bancos, tan aparentemente alejados de la realidad cotidiana de sus clientes, necesitan de éstos para mantener activos sus negocios.

Puede que resulte un planteamiento demasiado simple –sé de algunos que así lo considerarían– para algo, la economía, que nos quieren hacer ver como extremadamente complejo. Pero de cuando en cuando nos llegan noticias sobre grandes empresas que se tambalean o incluso llegan a caer por haber perdido el favor de sus clientes. Una mala decisión, un simple descuido, un competidor más avezado, y la voluble fidelidad de los consumidores se quiebra.

Algo, pues, sí tenemos que decir los ciudadanos en todo ese maremágnum teórico de la macroeconomía. Sin embargo, callamos. Esto es, no usamos ese potencial de influencia en la economía y la política que como consumidores tenemos. No hablo de boicots –no me gusta la ligereza con que a veces se plantean ni los oscuros intereses que a menudo esconden–, sino de ejercer el derecho a decidir, libre y consecuentemente, en qué y dónde gastamos nuestro dinero.

Lo de la libertad se entiende sin más explicación, todos lo asumimos. Lo de la consecuencia, sin embargo, no es algo que tengamos tan claro. Tiene que ver con la que debiera ser lógica –y en un momento como el actual, creo que necesaria– correspondencia entre nuestras ideas y principios y nuestros hábitos y prácticas de consumo.

De nada sirve maldecir y condenar públicamente a empresas y bancos si después seguimos consumiendo sus productos y servicios y siendo sus clientes. Si consideramos –o aún mejor, sabemos– que algo se ha hecho mal y nos afecta –de manera individual o colectiva– y los responsables no lo corrigen y asumen sus culpas, lo consecuente sería mudar nuestro consumo hacia organizaciones cuyo proceder y ética profesional sean más acordes con nuestros principios.

Tampoco es algo nuevo. Hay quienes, de acuerdo con sus principios, consumen alimentos ecológicos o energías renovables, por citar dos ejemplos. Pero esa misma actitud, adoptada por muchos y extendida a otras áreas de consumo, puede suponer un motor para el cambio. No es cuestión de ponernos de acuerdo ni organizar campañas que muevan a otros a seguirnos. Se trata, simplemente, de actuar guiados por nuestros propios principios. Cada uno de nosotros. Construyendo, entre todos, ese mundo mejor del que tanto hablamos.

No es fácil, tenemos demasiados malos hábitos enquistados. Y ni siquiera sé si yo lo hago, creo que no. Pero nos lo tendríamos que pensar. Porque trabajar para intentar sobrevivir y que nuestro esfuerzo solo sirva para aumentar los beneficios de quienes nos condenan a ser cada vez más pobres no es algo que debiéramos aceptar sin oponer resistencia.

Imagen | “1964 … supermarket”, de James Vaughan, bajo licencia CC BY-SA 2.0

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInBuffer this page

La música de mi vida: Gary Glitter

Gary Glitter

Después de mi estreno como comprador de discos con el EP de The Beatles que incluía Michelle como tema principal, fui el orgulloso propietario de varios singles antes de dar el salto a la adquisición de LPs. No fueron muchos, pues pronto pasé a ese terreno de los “larga duración”, pero los recuerdo con especial cariño porque tenerlos era como poseer pequeños tesoros.

Tocadiscos Reader's DigestNo voy a abundar en esa sensación. La gente de mi edad me comprenderá, seguro. Como recordará esos primeros tocadiscos que nada tenían que ver con los más modernos equipos de música que años después pudimos disfrutar. El de mi padre era de Reader’s Digest –el modelo de la foto–, y en él giraban una y otra vez aquellos discos de la infancia.

Otra curiosidad que “los de mis hierbas” recordarán es cómo por aquel entonces podíamos encontrar esos singles en establecimientos que no estaban exclusivamente dedicados a la venta de discos. El single del que hablo hoy, precisamente, lo adquirí en una tienda de electrodomésticos.

Ya entrando de lleno en el terreno musical, hoy toca Gary Glitter y su single Hello! Hello! I’m Back Again, con I.O.U. en la cara B.

Single de Gary GlitterUn disco del que se podría decir que fue mi primer acercamiento al glam rock. Y por el que fui perdiendo interés a medida que esa incursión en el glam me iba descubriendo otras alternativas.

No deja de resultarme curioso que el ejercicio de memoria para recordar aquellos discos de la infancia me haya revelado que tuve algo así como una “época glam”. Sinceramente, no era consciente de eso. Quizá porque cuando antes miraba para atrás en la música de mi vida, sin el esfuerzo de profundidad a que esta serie me obliga, los recuerdos comenzaban con los LPs, donde, salvo alguna excepción, el glam no tiene ya mucho protagonismo.

Pero ahí queda el dato. ¿Será que fui un niño glam? En absoluto. De hecho, por aquel entonces ni sabía qué era eso del glam. Y aunque comprara también otras músicas, los Beatles reinaban en mi infantil universo rockero.

Glitter fue un intérprete de éxito en los 70 en el Reino Unido, con varios números uno en las listas, pero con una carrera salpicada finalmente por su implicación en delitos de tenencia de pornografía infantil y abusos a menores. Un infame final para Paul Francis Gadd –su verdadero nombre–, condenado a un ostracismo premeditado por quienes en otros tiempos llegaron a tenerle por una especie de “rey del glam”.

Aunque no todos pensaban así. En diciembre de 1973, Marc Bolan –icono del glam que aparecerá en esta serie– manifestaba lo siguiente: “El glam-rock está muerto. Ha estado bien pero ahora el público se merece lo que tiene: Gary Glitter y Sweet. Lo que hace esta gente no es música sino un espectáculo de circo.”

Imagen | “Gary Glitter in AVRO’s TopPop (Dutch television show) in 1974”, de AVRO, bajo licencia CC BY-SA 3.0

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInBuffer this page

El centenario error diario del New York Times

New York Times 1898

Dicen que no hay mal que cien años dure, pero, si de errores se trata, está visto que un siglo puede no ser suficiente para ni siquiera detectarlos. Aunque rectificar es de sabios, cuentan también. Se tarde lo que se tarde.

El caso es que el prestigioso y longevo New York Times mantuvo durante más de esos cien años un error diario en su portada, sin que nadie, en todo ese tiempo, llegara a advertirlo.

La cosa sucedió así:

El 6 de febrero de 1898, un trabajador preparaba en el diario la portada del día siguiente y se dispuso a sumar 1 al número de edición. Pero de la suma de 14.499 + 1 obtuvo ¡15.000!

Aunque pueda parecer increíble, nadie se percató de ese error hasta 1999, cuando a alguien en el periódico le dio por calcular la cantidad de días transcurridos desde su fundación en 1851. Fue entonces cuando advirtió que el número de edición que ese día figuraba en la portada superaba en 500 el total obtenido.

Así que el 1 de enero de 2000 el New York Times retrocedió en el tiempo, pasando de su edición 51.753 a la 51.254.

Vía | The Atlantic

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInBuffer this page

European Word Translator: el mapa interactivo de las lenguas europeas

European word translator

La librería javascript D3, mapas de Natural Earth y la API de Google Translate. Con estos ingredientes, James Trimble (@jamestrimble1) ha cocinado una herramienta que nos ayuda a descubrir la traducción de cualquier palabra en unas 30 lenguas europeas: European Word Translator.

Solo hay que introducir cualquier palabra en el buscador (en inglés, eso sí; de otra forma no funciona) y obtenemos, sobre el mapa, su traducción en las diferentes lenguas que se incluyen. Pasando el ratón sobre cada una de las traducciones podemos ver, además, la lengua correspondiente a cada término.

European word translator

Vía | Google Maps Mania

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInBuffer this page